jueves, 9 de mayo de 2013

Una petxina en la estación de la Mar Bella

(4). Una petxina sin horizontes


Cuatro. Las cuatro horas que tardaron los Bomberos en sacar el cuerpo de entre las rocas. Y cuatro, los días que han tardado en identificar al cuerpo. Ahora ya no es un cadáver. Es Ana Castro, una joven de 15 años. Cada uno supongo que habrá hecho "su trabajo" respecto al tema. Así que cuatro, esta es mi última entrada, el resto ya está dicho o se dirá en las páginas de los diarios. A mi se me han acabado las palabras, innecesarias cuando la realidad tiene rostro. 

Una petxina en la estación de la Mar Bella. Una vía con destino al horizonte.


Ana Castro, una menor de 15 años que llevaba desaparecida desde el pasado 27 de abril, fue encontrada muerta el lunes. El cadáver se halló en un espigón de la playa de la Mar Bella, en Barcelona. El cuerpo estaba muy deteriorado y presentaba un fuerte golpe en la cabeza, por lo que no se pudo determinar su identidad hasta realizarle la autopsia. Los Mossos no descartan por ahora ninguna hipótesis en la muerte de la adolescente y están a la espera de los resultados definitivos de la autopsia. .
La menor desapareció de su casa la noche del sábado 27 de abril. Aquel día se fue a las cinco de la tarde de su piso, donde vivía con su hermano y con su madre. “De las cinco a las ocho se fue a la iglesia”, contó ayer a este diario su hermano Jesús Castro. Luego acudió a un cumpleaños de una amiga, en una vivienda particular junto al metro de Vilapicina, donde tenía permiso para quedarse hasta las once de la noche.
“Mi madre la llamó a las once y media para ver dónde estaba y le dijo que ya venía de camino”, relató su hermano, que ha ejercido de portavoz con los medios desde que desapareció la adolescente. Según explica, un amigo la acompañó hasta la parada de metro de Virrei Amat, a unos 200 metros de su casa. El amigo se metió en el metro para seguir su trayecto.
A partir de ese momento se perdió el rastro de la menor. La joven nunca antes se había marchado de casa, según contó su hermano. Y la convivencia familiar era buena, asegura, a pesar de que aquella semana Ana había discuto con su madre “ por las notas”, indicó Jesús.
La joven hacía unas tres semanas que había roto con su novio, pero mantenían muy buena relación, añadió el hermano. Tanto Ana como su hermano Jesús, ambos de origen ecuatoriano, llevaban cuatro años en España. Su madre emigró antes que ellos, hace una década.


martes, 7 de mayo de 2013

Laguna

Un cadáver en la Mar Bella (3). Laguna

Mapa del recorrido que realicé desde la parada de metro de 'Laguna' hasta el espigón de la Mar Bella. 

Me van a disculpar pero voy a seguir insistiendo en el episodio del pasado lunes. Esta vez a modo de diario personal. Resulta que cuando me bajé del metro la parada no era otra que 'Llacuna' (L4), detalle que no tuve en cuenta hasta que ayer no le di una última vuelta de tuerca antes de acostarme.

Esa parada de nombre tan poético formaba precisamente eso, una laguna, que se encontraba entre Ciutadella y El Poblenou. Un espacio indeterminado, habitado, que me pareció familiarmente tan tranquilo y acogedor como desconocido.

Según la RAE, "una laguna es un depósito de agua, de menores dimensiones, sobre todo en profundidad, que un lago, pudiendo sus aguas ser tanto dulces como salobres, y hasta saladas". Pues no sabría decir si las aguas de aquel barrio eran dulces o saladas, lo que está claro es que era tan poco profundo que no tuve que preocuparme por nadar. En el tiempo que tardé del metro hasta el espigón, pensé, pero no demasiado, no pensé en nada, no vacilé ni siquiera imaginé, simplemente levité como una mosca que se cae por accidente en un vaso lleno.

Porque en el río puedes fluir, arrastrarte, en el lago puedes sumergirte y en el mar navegar contra o a favor de la marea. En una laguna tan solo puedes flotar. Y a veces flotar incluso con los pies en el suelo.

En ese depósito, cerrado, resguardado, además tuve que atravesar un cementerio. El Cementiri de l'Est (y ahora no me pondré a hablar de lo que hay al este), pero pienso: ¿Será que la muerte es nuestra última laguna, aquel espacio de calma eterna? ¿Será que en vida estar en una laguna significa dejar la mente en blanco y olvidarse de todo?

Quizá llegar a esa laguna sea más darse cuenta que estás en el agua, cerca del mar, que puedes convertirte en río y que tienes la tierra bajo tus pies, a escasos metros. Y una vez convencido de que el agua moja, no pensar en nada más...


Olor a podrido

Un cadáver en la Mar Bella (2). Olor a podrido


Ayer hallaron un cadáver en la playa de la Mar Bella. Llevaba entre uno y dos meses atrapado entre las rocas. Tardaron cuatro horas en sacarlo, a trozos. Los medios ya no hablan sobre eso, pero yo no puedo dejar de imaginarme el pasado y el futuro de ese cuerpo. No puedo dejar de entrar a la redacción y que se me revuelvan las tripas mientras pienso que nadie ya se va a preocupar por cómo ese cadáver llegó hasta el espigón y se pudriese sin que nadie lo reclamara.

Uno de los maestros del periodismo, Ryszard Kapuscinski, escribió un libro titulado Los cínicos no sirven para este oficio, una especie de romántico manual de la profesión. Y de hecho fui bastante cínico cuando intenté superar la cinta de la Guardia Urbana para acercarme al lugar, o cuando le metí el máximo zoom para ver si alcanzaba a fotografiar las bolsas, o cuando le pregunté al jefe de bomberos la edad aproximada de la víctima.

La niña y el buitre. Fotografía tomada por
Kevin Carter en Sudán, premio Pulitzer en 1994.
¿¡Qué cojones me importa!? ¿Y a quién le puede importar? Pero eso ya lo pensé con cara de pasmado sentado en el andén del metro. Ahí llovieron las dudas sobre todo. ¿Por qué me dedico a esto? ¿Por qué tengo que escribir y fotografiar muertos? ¿Por qué no me paso al periodismo cultural o político? ¿Por qué parece que nos guste el olor a podrido? Para entonces la respuesta ya no importaba, había sido lo suficientemente cínico para sacar las fotos e irme de allí, y lo suficientemente humano para pensar durante seis paradas en aquel cadáver. Se supone que de eso se trata mi trabajo.

Precisamente, el pasado 3 de mayo se celebró el Día Mundial de la Libertad de Expresión. Aunque ese día se refería más al recuerdo de los 90 periodistas, 48 internautas y 6 colaboradores asesinados, y a los 192 periodistas, 13 colaboradores y 133 internautas encarcelados, durante el año 2012, según el informe de Reporteros Sin Fronteras. El total es lo de menos...

El gran fotógrafo Robert Capa decía: "Si tu foto no es buena, es porque no te has acercado lo suficiente". Aunque por acercarse demasiado muchos acaben al otro lado de la imagen. Durante la primavera árabe en Libia (que ya nadie recuerda), un profesor de periodismo que fue la zona como corresponsal de La Vanguardia nos contaba que los periodistas que morían eran los free-lance. Mientras que los redactores de grades medios tenían un sueldo asegurado, toda la infraestructura para proteger el trasero y acababan la jornada a media tarde, los free-lance que iban por libre y cobraban por foto vendida (no más de 50 euros), salían por la noche a los lugares de mayor peligro. Esos son los que a veces no volvían.

Pero no hace falta irse a Libia para oler a podrido. Hace pocas semanas un reportero free-lance británico murió por hipotermia mientras preparaba un reportaje sobre los mendigos y, lógicamente, intentó vivir como ellos, sentir lo que aquella gente sentía y realizar un trabajo digno que le costó un precio demasiado alto.

Kevin Carter
Y si removemos la hemeroteca, si nos vamos casi a los orígenes de ese romanticismo por la putrefacción, ahí está Kevin Carter, ganador del premio Pulitzer en 1994 por su foto de la niña y el buitre. Se suicidó por no poder soportar las críticas a su actitud por no socorrer a la niña. Kevin perteneció al Bang Bang Club, un grupo de fotógrafos que durante el apertheid en Sudáfrica arriesgó la vida para retratar la violencia y la muerte en los barrios periféricos. A menudo sus fotos eran tan desagradables/reales que no se publicaban porque "herían la sensibilidad de los occidentales". "A los blanquitos no les gusta ver un cuerpo mutilado mientras desayunan un domingo antes de irse al parque con su familia", justificaba un director.

Esos mismos blanquitos de moral impecable fueron los que criticaron sin piedad a Kevin Carter hasta provocar su suicidio. Y los mismos que se escandalizan con las cifras de periodistas asesinados, y se lamentan junto a su esposa de la represión y la falta de libertad de expresión en algunos países, mientras van de camino al parque.

Niño del asentamiento Pedro Nascimento (Brasil).
A nadie le gusta ver a un pequeño con más cicatrices
que Jesucristo mientras subía la cruz.
Pero Dios está muy ocupado y el cielo completo,
así que muchos tienen que vivir en la lama.
¿Por qué no me quedé en ese barrizal de chabolas?
Su mirada adulta, perdida, me dio fuerzas para seguir buscando
lo que sus ojos intentaban encontrar.
Foto: Aitor Sáez
A todo esto, y por culpa de eso, los archivos de fotos de las redacciones se llenan día tras día de imágenes de la masacre de musulmanes rohingya en Birmania. Pero a quien le puede interesar eso. ¿Musulmanes? ¿Rohingya? ¿Birmania? Mejor lo dejamos para los libros de Historia, cuando los muertos alcancen el millón, como en Camboya o Ruanda. Luego ya haremos películas y homenajes. Pues sí, eso está sucediendo y los cadáveres también huelen a podrido, aunque no lo veamos. 

Al final pienso, ¿por qué sabiendo todo esto sigo queriendo acercarme a lo invisible? ¿Por qué esa extraña  perversión por la pobreza, la muerte? ¿Por qué tantos cabezazos contra un muro de silencio? ¿Por qué esa seducción por lo desagradable, con la cantidad de cosas bonitas que tiene la vida? Y mientras dudo siento que no soy tan cínico y encuentro la respuesta: ¿por qué dudar? Mientras los cadáveres huelan a podrido, ya tendré tiempo de pasear en algún otro parque.

lunes, 6 de mayo de 2013

Dret a que os den por el culo

Un cadáver en la Mar Bella (1). Dret a que os den por el culo


Un tal Melendi cantaba que "después de la tormenta siempre viene la calma". Parece que hoy lunes la tormenta ha venido en forma de granizado y la calma en forma de supositorio barato. Supongo que para que nadie se extrañe si este mes de mayo pasan cosas violentas, extrañas o surrealistas, al fin y al cabo estamos en Barcelona, podrían darse todas juntas.

Por la mañana un hombre, que iba a ser desahuciado, a aparecido ahorcado en el comedor de su casa. Paradójicamente, el que lo ha visto era el perito judicial que venía a echarlo. Debe ser complicado darte cuenta, a través de una mirilla, con lo pequeña que es, cuánto vale la vida de una persona, y la tuya. Columna en el diario, se abre investigación y cuatro pancartas en la puerta. Eso es lo que nos dejará lo que muchos consideran anecdótico.

Al mediodía, una joven de 15 años con heridas graves se presenta con su novio en el hospital. Paradójicamente, tras algunas preguntas a la pareja, parece que fue el novio quien provocó las heridas, lease "violencia de género". Pero se había tomado el tiempo, por si acaso, para convencer a su enamorada de que no dijese nada. En declaraciones a la SER, una jefa de Servicios Sociales asegura que "por culpa de la crisis y los recortes" no se pueden realizar campañas para evitar los maltratos en edades tan tempranas. De nuevo, columnita, cuatro comunicados y para adelante.

Ya por la tarde, a eso de las siete, los bomberos extraen un cadáver del espigón de la playa de la Mar Bella.  Han dedicado cuatro horas para mover las rocas e intentar sacar entero el cuerpo en, "estado avanzado de putrefacción". La víctima, una mujer, llevaba muerta entre uno y dos meses. Esta "anécdota", paradójicamente, me ha tocado a mí cubrirla. Esta vez, dos cámaras de vídeo, cuatro curiosos y un puñado de líneas en la página web. Ya no había lugar en la edición impresa. A partir de las siete, los cadáveres ya no tienen sitio en el papel...

Los equipos de rescate terminan los trabajos de extracción del cadáver, en el espigón de la playa de la Mar Bella.
 Foto: Aitor Sáez

Cuando he llegado a la redacción, sobre las ocho, un tal Turull hablaba sobre no sé qué mierda de "tener en cuenta a toda la ciudadanía", "hacer las cosas bien, sin prisa" y "aglutinar todos los actores sociales en el proceso". TV3 lo retransmitía con gran afán periodístico sobre el titular "Dret a decidir". Había llegado tarde, la redacción ya solo miraba las pantallas en las que aparecía un hombre trajeado, con una apastelada pared esculpida de fondo. Y las llamadas desde Madrid no cesaban, para escoger el mejor titular del día siguiente.


Entre ese ajetreo institucional, un redactor de deportes (como no podía ser de otra manera) suelta con ironía: "¿Y la Constitución no contempla el 'dret al sexe'? Pero yo ya no estaba para bromas y mandaba a todo el mundo a tomar por el culo en mis adentros mientras salía de allí.

De vuelta casa, mientras buscaba miradas comprensivas entre los vagones y contaba el número de sacos con los trozos del cadáver, apretaba los dientes pensando que mañana sólo se hablara de aquella famosa "Cimera sobre el dret a decidir". Y esa crisis, que hace mucho dejó de ser económica para ser social, humana; esa crisis que causa violencia y muertes, esa crisis aparecerá en las columnas y al final de las tertulias. 

¿Y qué hubiera pasado si juntamos todas las noticias malas del día? ¿Si se trata de una joven de 15 años que su novio la ha pegado, la ha tirado al mar y luego se ha ahorcado? ¿O la ha pegado, la ha ahorcado y la ha tirado al mar? ¿Y si la ha tirado al mar, luego la ha ahorcado y luego le ha pegado? ¡Y todo por culpa de la crisis! Da lo mismo... no pasaría nada. Lo importante ahora es el "Dret a decidir".

Así que, puestos a poder decidir, y antes de vomitar, me imagino que podrían aprobar el derecho a que les den por el culo. Y no precisamente un marinero senegalés que se ha pasado tres años en alta mar, si no un buen saco de metralla casera que no entiende de peritos, ni de primas de riesgo ni de papel de diario. Me reconforta saber que el tiempo cura pero no olvida, y las pulsaciones son cada vez más aceleradas, y la primavera la sangre altera, y en el metro hay cada vez más "locos del metro". Paradójica e irónicamente los que tienen el poder del "dret a decidir" no andan en transporte público. Por eso duermen tranquilos, pensando que después de la tormenta les va a venir la calma.

jueves, 2 de mayo de 2013

Inútiles sobre inútiles

Hay cosas que me producen rabia, hay cosas que me dan asco y otras que llegan a provocarme náuseas. A continuación asistirán a tres minutos de vídeo que revuelven en mi esas tres sensaciones juntas:


Nada más lejos de la realidad: el vídeo de presentación de Nuevas Generaciones para la candidatura de Roberto Calpe, en la Comunidad Valenciana. ¿Dónde mierda vive esta gente? ¿De qué extraña película de humor los han sacado? ¿Qué puta clase de serrín les han metido en la cabeza? Y lo pregunto así, con tacos, para transmitir la rabia, el asco y la náusea juntas, y de paso huir del lenguaje políticamente correcto de esta especie de teleñecos (que en este vídeo, siguiendo las doctrinas de su presi, directamente ni hablan).

He coincidido en numerosas ocasiones con líderes políticos de varias juventudes. La misma cara de espantapajaro con mirada perdida intentando seguir un discurso bien almacenado en sus adentros. Ni rastro de abrir la mente. Pero en este vídeo no escatiman en exteriorizar una desbordada inutilez. A mí los inútiles no me molestan, incluso a veces me parecen graciosos. Sin embargo, me repatea que se rían de mi, de nosotros.

Tenía un conocido que militaba en Nuevas Generaciones y no tenía reparos en contarme el número de autobuses que fletan para llevar a sus miembros a un congreso, y los papelitos electorales, y los "gastos de administración" para sus becarios, y supongo que esta patraña de vídeo. Y después de todo eso, se ríen. Entonces es cuando esa inutilidad pasa de ser cotidiana, a ser estructural. Y la inutilidad estructural infectan el mundo de un fétido hedor, y hacen insignificante las iniciativas que pretenden hacer este mundo más amable.

En una charla con miembros del 15-M Eduardo Galeano hablaba de los políticos redondos y los definía como "aquellos que dan tantas vueltas, tantos cambios de opinión, tanto adaptarse a los intereses del momento, que acaban quedándose redondos, y rodaban como peonzas". Los llamaba "redondos" por no decir "pelotudos". Pues estos no son redondos, son una banda de inútiles que siguen a otros más inútiles y acabarán convirtiéndose en los mayores inútiles, y entonces nos gobernarán.

Pero no quiero ser tan derrotista, así que voy a sugerir alguna propuesta (para que luego digan que no proponemos nada y solo nos quejamos). Y una posible solución sería unirse a "la fiesta de la política de Nuevas Generaciones". Y por ejemplo que los de la PAH, los parados, los recortados, los sin techo, o cualquier ciudadano cabreado, ocupara alguna de estas sedes tan divertidas. De este modo, la presidenta de Nuevas Generaciones, Beatriz Jurado, no diría: "Yo entiendos a los del 15-M, claro, pero soy más de trabajar que de gritar". Seguro que gritaría, al ver los ojos de la desesperación. Y se dedicaría a hacer y a decir otras cosas. En fin, muy muy lejos de la realidad. En sus cavernas se pudren y se entretienen los personajes de raya a un lado y mocasines. Pero que no salgan de ahí y, por favor, no divulguen demostraciones de inutilidad que ofendan a los que todavía creemos en la especie humana.

martes, 30 de abril de 2013

6.202.700 desequilibrados mentales

El jueves pasado salieron los datos de la última EPA que colocaban la cifra de parados por encima de los seis millones. Silencio. A los periodistas nos encantan las estadísticas, pero a los políticos no les hace demasiada gracia. Ya ni siquiera a la oposición. Pues volvamos a la hollywoodiense realidad que tanto gusta a políticos y a periodistas. El sábado un hombre empezó a disparar cerca del domicilio del nuevo primer ministro italiano, Enrico Letta, mientras éste juraba su cargo a escasos kilómetros. Bueno, ya tenemos historia para un sábado donde las redacciones vacías se aburren viendo caer el chaparrón.

La sombra de un pistolero.
Conferenciante en una charla sobre la LOCME
(ley  de Educación) en Cerdanyola del Vallès.
Foto: Aitor Sáez
La mayoría de medios se afanaron en tachar de "desequilibrado mental" al sujeto armado y sí un poco loco. Casualmente, dicho individuo también estaba desempleado. Y como por arte de magia los medios comenzaron a reformular la precipitada hipótesis inicial. A día de hoy "el peligroso perturbado italiano" ya ha vuelto a ser un simple número y un archivo de hemeroteca.

Sin embargo, sigo insistiendo y surgen varias cuestiones inquietantes. ¿A qué se refiere Jose María Izquierdo cuando en su blog titula '6.202.700 razones'? ¿Razones para qué? Los tertulianos y periodistas de tribuna pensarán que es "para echar al gobierno", "para re-re-re-replantearse las políticas...", "para salir a la calle"... Nos vamos acercando. Porque lo del derecho a pataleta está ya pasado de moda. Los escraches son nazis, los estudiantes, terroristas; los trabajadores, anarquistas. En definitiva, ¿qué nos queda?

En ese punto, la semana pasada, antes del percance en Roma, presentaron un libro en RAC1, de no sé qué autor, sobre la historia de un ciudadano desesperado por su angustiosa situación que asesinaba a un político. Seguramente, "el loco italiano" no leyó ese libro para tomar ideas, pero la coincidencia que a dos mentes se les ocurra el mismo guión, en puntos diferentes aunque realidades similares, resulta cuánto menos curioso. Con esto no quiero afirmar que sea una sensación generalizada que recorra las conversaciones de sobremesa, ni mucho menos quiero hacer apología del "asesinato".

Así que enciendo la tele para distraerme y quitar fantasmas de la cabeza. Ahí aparece la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, cuatro días después de publicarse los datos de empleo, reconociendo que la reforma laboral no ha reducido el desempleo, ni lo reducirá, y lo acompaña un recopilatorio de declaraciones donde aseguraba con firmeza que "esta reforma laboral nos iba a salvar" e incluso que "en el 2012 llegará el milagro español". Luego salta el presidente del Gobierno pidiendo PACIENCIA.


Los locos no visten traje. Transeúntes en una de las calles de El Raval.
Foto: Aitor Sáez
¿Paciencia para qué? ¿Para no enfadarse con la ministra (por no decir estrangularla)? ¿O paciencia para no tirarnos por la ventana después de intentar cortarnos las venas? No escoger ninguna de las dos es toda una muestra de serenidad. Pero tampoco pidamos peras al horno. Tenemos derecho a volvernos un poco locos. Al fin y al cabo los propios políticos nos dicen que es cosa nuestra: si no es andaluz, es joven, si no es vago, si no es inmigrante. El caso es que todos, absolutamente todas y todos, tenemos alguna tara que nos hace culpables y nos condena a estar en el paro.

Mañana 1 de mayo, Día del Trabajador, a alguno de los 6.202.700 desequilibrados mentales se le ocurrirá manifestarse, por amor al arte. Entonces esos nos convertiremos en seres irresponsables, inconscientes, anti-sistema y si me apuras terroristas. Y de nuevo para casa con esa extraña sensación en las entrañas, de que estás loco y aparte eres tonto. Como diría Leonardo Di Caprio en Shutter Island: "Este lugar hace que me pregunte: ¿qué sería peor, vivir como un monstruo o morir como un hombre bueno?". La película trata sobre un asesino que sufre Transtorno de Identidad Disociativa. Esperemos que España nunca se convierta en ese "lugar" y siempre prefiramos "morir como un hombre bueno". La cuerda lleva demasiado tiempo tensada.


martes, 23 de abril de 2013

Las primeras veces

No escribo porque sea Sant Jordi, escribo porque es mi primer Sant Jordi. Tal día como hoy, hace cinco años, publiqué mi primera pieza en papel. Era un brevísimo "artículo de opinión" sobre la importancia del deporte como medio de relación social. Un escueto texto de 800 caracteres (sin espacios) para un semanario local que a duras penas tenía espacio para dejar un margen digno. Era mi prueba para obtener un puesto en un club de fútbol. La superé. Me dio la sensación que fue la primera vez y, por consiguiente, la última. La última vez que publicaría por primera vez sobre papel. Pensé: fue bonito, por lo menos cayó el día de una festividad tan linda.

La primera vez que una chica me abrazó.
Una niña juega  en casa de su vecino,
en Bosnia. Foto: Aitos Sáez
Durante esa época, sobre todo en la adolescencia, nos pasamos el tiempo deseando, obsesionándonos, por las primeras veces. Todo tiene que ser nuevo, ni diferente ni especial, simplemente "lo primero". Y así vamos agotando los momentos al ritmo de las cerillas hasta cargarnos con una mochila a rebosar de pasado. Cuando termina esa desenfrenada adicción por quemar experiencias, llega el recuerdo. A veces con ternura nos revolcamos en la añoranza de la niñez, otras veces saboreamos con amargura los restos de "una infancia perdida". Nos abrigamos en ese pasado para justificar nuestra melancolía por "la primera vez". Y nos olvidamos del ahora, de la primera vez que me levanto hoy, de la primera vez que desayuno hoy, de la primera vez que escribo ahora. 

Hace un año estaba lejos de casa para Sant Jordi y tuve una añoranza profunda de esa fiesta. Mientras que cuando estaba aquí la daba como normal. Para mí hoy será como mi primer Sant Jordi. ¿Significa eso que tenemos que ser náufragos para alejarnos y aproximarnos de las cosas como una goma elástica para así tener siempre la sensación de la nuevo? 

No. 

Significa que tenemos que ser más niños.

Lo suficientemente niños para regalar una sonrisa sin ponerle precio, para descubrir que el fuego quema sin quemarnos, para armarnos de inocencia e ilusionarnos con pequeñas cosas, para invadirnos de una delirante curiosidad por todo, para sonrojarnos. Y sobre todo, tener la justa memoria para acordarnos del sabor de piruleta preferido, sin tener que remover pesados recuerdos.

Por ejemplo, Hannah Arendt, que de niña sufrió la barbarie del nazismo, escribía: 
[...] el mundo, a grande rasgos y en detalle, queda irrevocablemente destinado a la ruina del tiempo, si los seres humanos no deciden intervenir, alterar y crear lo nuevo.
Ella utilizó su complicada infancia para darnos lecciones sociales de cómo mejorar el futuro de los acontecimientos. Al fin y al cabo, sus enormes pretensiones van en sintonía con su trascendental pasado. Pero para los que tenemos la suerte de haber disfrutado una tranquila niñez, apreciar ese presente pasajero resulta una ardua tarea.

Agarrarse con fuerza para mirar por la ventana lo que pasa
y saltar en cualquier momento,
pero siempre subidos en ese tren.
 Una mujer en el tranvía de Sarajevo. Foto: Aitor Sáez
Pero de nuevo tenemos que ser más niños. Sin cerrar los ojos. Todo lo contrario. Tenerlos bien abiertos para aprovechar todas las primeras veces que nos pasan por delante. Y cuando nos demos cuenta nos hará ilusión recibir un regalo, porque todos serán inesperados; nos estaremos respondiendo a los por qués con naturalidad, simplemente porque sí; reconoceremos que nos equivocamos para luego ruborizarnos sin más importancia, y sonreiremos a desconocidos en el metro sin esperar que nos devuelvan el gesto. Y al final, como dice Eduardo Galeano, "viviremos por vivir nomás, como juega el niño sin saber que juega". Entonces el mundo estará gobernado por niños, que crearán un planeta de primeras veces.

Porque las páginas de un semanario local, un club de fútbol, el deporte, el ordenador, las fechas marcadas en el calendario, e incluso un empleo. Tal cual o de otra manera, todo eso existirá siempre. Lo que solo pasará una vez, y será la primera y la última, será este 23 de abril de 2013, y el 24, y el 25, y los del año que viene. Y así cada día, como la primera vez. ¡Feliç Sant Jordi!


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*Mi primer texto publicado en papel (por si alguien se anima):


L’esport com a mitjà de relació social

Entenem per esport “exercici corporal que es practica seguint unes regles establertes”. Fem esport amb finalitats lúdiques o competitives, per sentir-nos bé o per millorar la nostra condició físcia. S’organitzen milers de competicions, torneigs i lligues. Des del korfbal fins al futbol, fer esport vol dir moure’s i pensar, una activitat on intel.ligència i rendiment físic són igual d’importants.
Tanmateix, l’esport significa més que suar, que guanyar o perdre. En el món de les noves tecnologies, on ens passem hores davant d’una pantalla per xerrar amb un veí, practicar un esport esdevé un mitjà de relació social. Quan entrenem o juguem un partit, ens comuniquem amb els nostres companys, compartim un espai i un temps en què establim uns vincles amistosos reals, no virtuals. En aquest sentit, el valor de l’esport local de base no recau només en formar esportistes, sino persones sociables, capaces de relacionar-se amb els altres i d’integrar-se en un equip.

Tot Cerdanyola, 23/04/2008