martes, 23 de abril de 2013

Las primeras veces

No escribo porque sea Sant Jordi, escribo porque es mi primer Sant Jordi. Tal día como hoy, hace cinco años, publiqué mi primera pieza en papel. Era un brevísimo "artículo de opinión" sobre la importancia del deporte como medio de relación social. Un escueto texto de 800 caracteres (sin espacios) para un semanario local que a duras penas tenía espacio para dejar un margen digno. Era mi prueba para obtener un puesto en un club de fútbol. La superé. Me dio la sensación que fue la primera vez y, por consiguiente, la última. La última vez que publicaría por primera vez sobre papel. Pensé: fue bonito, por lo menos cayó el día de una festividad tan linda.

La primera vez que una chica me abrazó.
Una niña juega  en casa de su vecino,
en Bosnia. Foto: Aitos Sáez
Durante esa época, sobre todo en la adolescencia, nos pasamos el tiempo deseando, obsesionándonos, por las primeras veces. Todo tiene que ser nuevo, ni diferente ni especial, simplemente "lo primero". Y así vamos agotando los momentos al ritmo de las cerillas hasta cargarnos con una mochila a rebosar de pasado. Cuando termina esa desenfrenada adicción por quemar experiencias, llega el recuerdo. A veces con ternura nos revolcamos en la añoranza de la niñez, otras veces saboreamos con amargura los restos de "una infancia perdida". Nos abrigamos en ese pasado para justificar nuestra melancolía por "la primera vez". Y nos olvidamos del ahora, de la primera vez que me levanto hoy, de la primera vez que desayuno hoy, de la primera vez que escribo ahora. 

Hace un año estaba lejos de casa para Sant Jordi y tuve una añoranza profunda de esa fiesta. Mientras que cuando estaba aquí la daba como normal. Para mí hoy será como mi primer Sant Jordi. ¿Significa eso que tenemos que ser náufragos para alejarnos y aproximarnos de las cosas como una goma elástica para así tener siempre la sensación de la nuevo? 

No. 

Significa que tenemos que ser más niños.

Lo suficientemente niños para regalar una sonrisa sin ponerle precio, para descubrir que el fuego quema sin quemarnos, para armarnos de inocencia e ilusionarnos con pequeñas cosas, para invadirnos de una delirante curiosidad por todo, para sonrojarnos. Y sobre todo, tener la justa memoria para acordarnos del sabor de piruleta preferido, sin tener que remover pesados recuerdos.

Por ejemplo, Hannah Arendt, que de niña sufrió la barbarie del nazismo, escribía: 
[...] el mundo, a grande rasgos y en detalle, queda irrevocablemente destinado a la ruina del tiempo, si los seres humanos no deciden intervenir, alterar y crear lo nuevo.
Ella utilizó su complicada infancia para darnos lecciones sociales de cómo mejorar el futuro de los acontecimientos. Al fin y al cabo, sus enormes pretensiones van en sintonía con su trascendental pasado. Pero para los que tenemos la suerte de haber disfrutado una tranquila niñez, apreciar ese presente pasajero resulta una ardua tarea.

Agarrarse con fuerza para mirar por la ventana lo que pasa
y saltar en cualquier momento,
pero siempre subidos en ese tren.
 Una mujer en el tranvía de Sarajevo. Foto: Aitor Sáez
Pero de nuevo tenemos que ser más niños. Sin cerrar los ojos. Todo lo contrario. Tenerlos bien abiertos para aprovechar todas las primeras veces que nos pasan por delante. Y cuando nos demos cuenta nos hará ilusión recibir un regalo, porque todos serán inesperados; nos estaremos respondiendo a los por qués con naturalidad, simplemente porque sí; reconoceremos que nos equivocamos para luego ruborizarnos sin más importancia, y sonreiremos a desconocidos en el metro sin esperar que nos devuelvan el gesto. Y al final, como dice Eduardo Galeano, "viviremos por vivir nomás, como juega el niño sin saber que juega". Entonces el mundo estará gobernado por niños, que crearán un planeta de primeras veces.

Porque las páginas de un semanario local, un club de fútbol, el deporte, el ordenador, las fechas marcadas en el calendario, e incluso un empleo. Tal cual o de otra manera, todo eso existirá siempre. Lo que solo pasará una vez, y será la primera y la última, será este 23 de abril de 2013, y el 24, y el 25, y los del año que viene. Y así cada día, como la primera vez. ¡Feliç Sant Jordi!


______________________________________________________________________________

*Mi primer texto publicado en papel (por si alguien se anima):


L’esport com a mitjà de relació social

Entenem per esport “exercici corporal que es practica seguint unes regles establertes”. Fem esport amb finalitats lúdiques o competitives, per sentir-nos bé o per millorar la nostra condició físcia. S’organitzen milers de competicions, torneigs i lligues. Des del korfbal fins al futbol, fer esport vol dir moure’s i pensar, una activitat on intel.ligència i rendiment físic són igual d’importants.
Tanmateix, l’esport significa més que suar, que guanyar o perdre. En el món de les noves tecnologies, on ens passem hores davant d’una pantalla per xerrar amb un veí, practicar un esport esdevé un mitjà de relació social. Quan entrenem o juguem un partit, ens comuniquem amb els nostres companys, compartim un espai i un temps en què establim uns vincles amistosos reals, no virtuals. En aquest sentit, el valor de l’esport local de base no recau només en formar esportistes, sino persones sociables, capaces de relacionar-se amb els altres i d’integrar-se en un equip.

Tot Cerdanyola, 23/04/2008



No hay comentarios:

Publicar un comentario