Recuerdo aquel mayo de 2011 en que dormíamos en una plaza sin saber muy bien por qué, sin rumbo, sin aparentes razones, sin respuestas ni soluciones. Realmente parecía que nada iba a cambiar. Y así fue durante dos años. De hecho, tras pasar un año lejos de estas tierras, sentí que tampoco nada había cambiado.
Sin embargo, hoy, tal vez fruto de un inexplicable optimismo, he juntado varios factores que me han devuelto una mínima esperanza. Esta semana tuve el gran placer de disfrutar junto a los afectados por la hipoteca, la aprobación de la sentencia del tribunal europeo, que suponía "la victoria de los débiles". Y no es para menos las numerosas muestras de alegrías. Cuatro años de lucha, un millón y medio de firmas, 700 desalojos paralizados, 600.000 personas en riesgo de quedarse en la calle, varios suicidios... No conozco lucha social más exitosa. Para quitarse el sombrero.
Pero mi admiración no acaba ahí. Me levanto este buen domingo y entre las informaciones que se guardan para el fin de semana me encuentro un titular inverosímil: 'Los españoles confían mucho más en los movimientos sociales que en los políticos'. De entrada pensaba que sería una artículo de opinión, ¡pero no estaba en cursiva! Eran datos, y aquí los tienen. quién nos lo iba a decir a aquellos indignados/as cuando en ese junio de 2011 nos tacharon de terroristas por manifestarnos en el Parlament contra los primeros recortes...
Más vale tarde que nunca. O como reza Violeta Assiego Cruz, 'Llegar a tiempo'. Porque a cuentagotas van apareciendo atrevidos jueces que abren causas, combaten la corrupción, se enfrentan al poder. Aunque despacio, como manda la institución, por lo menos dan síntomas de que la mierda no llega hasta las cejas, sólo hasta el cuello, y que todavía podemos respirar, o gritar, o guiñar un ojo, cada cuál lo que pueda.
Momentos de emoción tras conocer la sentencia del tribunal europeo, en la sede de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca en Barcelona, carrer del Enamorats (hasta el nombre de la calle es bonito). Mucha alegría, nervios y sobre todo fuerzas para seguir con la lucha. No se merecen menos. Cualquier día podemos ser nosotros/as. / Foto: AITOR SÁEZ
Pero lo bueno no acaba aquí. Entre esos gritos y guiños, la sociedad sigue a la suya, siempre más veloz. Y avanza más allá de las encuestas y las urnas. Actúa. Tiene ideas, las lleva a cabo, a veces bien, otras mal, pero lo intentamos. Entre esas pequeñas iniciativas que nunca llegan a tener cabida en los grandes medios de comunicación, he encontrado un proyecto de red de intercambio de favores, que ya tiene 5.001 usuarios en siete meses. Se llama Favoralia y parece que va funcionando. No quisiera hundir ahora el sistema monetaria, financiero, económico, y derivarlo en una revuelta global (o sí), pero me ha parecido muy ingenioso y necesario. En el corralito de 2001 en Argentina, los barrios emplearon este sistema para sobrevivir. A falta de dinero, yo te corto el pelo y tú me arreglas la tubería. Supongo que eso viene de los neandertales, ¡qué primitivos nos hemos vuelto!
Y al final, a gran escala, que si la Marea Ciudadana española y portuguesa se han unido, que si van a hacer más acciones el mes que viene... la punta del iceberg de las tantas cosas que van pasando y nos dan motivos de esperanza. Como diría mi compañero (y jefe) de cuartelillo, Xavier Valls, puede que sea obra del Espíritu Santo. Da lo mismo. El caso es que este domingo gris y lluvioso deja ver una luz al final del túnel. Y si algo bueno tenemos por el sur es que la primavera mediterránea es muy agradable. Veremos si este mes de mayo nos depara alguna sorpresa por estas plazas, porque ¿algo está cambiando?
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