Ha llegado la primavera en el calendario, pero como saben en mi cuerpo ya hace unos días que la estoy sufriendo. Aún así no puedo hacer oídos sordos al himno de hoy que nos anuncia por todos los medios y maneras de que ya estamos en una nueva estación. Y de entre esos cantos a la alegría, las flores y los amaneceres, como siempre, me quedo con la sombra y la otra cara de la moneda.
Hace diez años que empezó la guerra de Irak. Pero no voy a hacer un glosario de las barbaries y dolores que ha provocado esa invasión. Me quedo con la nostalgia, con el recuerdo de aquel NO A LA GUERRA. Y me sale una sonrisa cuando me acuerdo de la tarde en que salí de la escuela y me fui con mi tía a Barcelona, ¡en tren!¡mi primera manifestación! Aquel Cant dels ocells de un contrabajo desafinado, aquel profesor de informática que me encontré, aquel silencio, aquellos gritos solitarios, impotentes... aquella certeza de que no iba a servir de nada.
Y de nada sirvió. España se fue a la guerra y los codiciosos negocios petroleros se desvanecieron en penosos vídeos de soldados pataleando prisioneros. Pero hoy es primavera, y el pasado ya fue, y ahora toca hablar de ahora. Mereció la pena. Como leo en un artículo de Juan Diego en El País, "con respecto a nosotros, solo puedo decir que mereció la pena. Una y mil veces mereció la pena".
Los pelos se me ponen de punta. Silencio absoluto.
No me pregunto si mereció la pena. Y mientras me hago esa cuestión, ya sé la respuesta: merece la pena. Ahora que cada domingo y jueves, martes, lunes, viernes, casi todos los días, se celebra una protesta en las calles de Barcelona, no puedo evitar darle vueltas al sentido de esas manifestaciones. Veo ancianos, jóvenes, inmigrantes, adultos; personas como tú, como yo, como nuestra madre y padre, nuestros abuelos, furiosos, desesperados, agónicos, sonrientes, cariñosos... Veo a personas. Entre esa masa que parece homogénea, repetitiva y cansina, me quedo con los detalles que los hacen diferentes, que expresan su sentimiento y situación personal que les ha llevado a estar ahí, en la calle, rodeados de desconocidos. Y no puedo dejar de observar esta mirada:
Manifestante. Protesta por los recortes en servicios públicos y contra la corrupción, en plaza Sant Jaume de Barcelona. Foto: AITOR SÁEZ
¿Dónde mira? ¿A mi, a la cámara, al infinito? ¿Qué piensa? ¿Por qué está ahí? ¿De dónde viene y dónde le llevará el futuro? Eso, probablemente, ni ella lo sabe, por eso se manifiesta. Pero lo que más veces me pregunto es, ¿qué lleva a alguien a ponerse unas ridículas tijeras de cartón en la cabeza, una pegatina en el pecho y perder una valiosa tarde de su vida? Con lo bonita que es la primavera.
El artículo de antes se titula 'Donde reside la dignidad'. Y no es una pregunta. Es una contestación: "Uno no lucha por la justicia solo porque crea que tiene opciones de triunfar, sino precisamente porque cree que los motivos de la movilización son merecedores de esa lucha. Ganar no es la medida de lo digno, de lo noble, de lo justo".
Esa sintética explicación sirve para salvar la dignidad de los que luchamos y perdimos. Pero se podría aplicar a la actualidad, para los que ahora salen con gorras de tijeras puedan andar con la cabeza bien alta. La diferencia: antes era por ellos, ahora se trata de nosotros. La historia se repite y si nadie lo impide, tendrá el mismo final. El texto de Juan Diego acaba con un emotivo "La historia es lo que nosotros, con nuestra implicación y lucha, hacemos de ella y depende de nosotros cambiar las cosas. Si creen que estoy exagerando, simplemente háganse esta pregunta: ¿Qué sería de ti mismo si nunca hubieras gritado NO A LA GUERRA?"
Espero que dentro de diez años, si llego a escribir columnas de opinión, no las tenga que terminar con la misma pregunta. Resignarse es de cobardes. Me gustaría acabar con un "¿qué hubiese sido de nosotros si nunca hubiésemos gritado NO A LOS RECORTES, NO A LA CORRUPCIÓN?". Solo espero que no haya muertes por el camino...
(si quieren nostalgia, escuchen el Cant dels ocells y miren la foto...luego, piensen. ¡Feliz Primavera!)
(si quieren nostalgia, escuchen el Cant dels ocells y miren la foto...luego, piensen. ¡Feliz Primavera!)
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