Después de meterle cuatro al Milan y saborearlo durante casi un día, he sentido cierta compasión por los rossoneros. Así que he pensado que tendría que dedicarles algunas líneas. Porque el futbol es así de cruel. Cuando ganas, te alegras tanto que lo único que puede hacerte más feliz es que los otros lo pasen mal, lloren mucho, se cabreen. Pero sólo cuando son los merengues. Aunque el Barça gane a otro equipo, siempre miramos a los blancos para ver cómo se lo toman. Así que no me quedaba otra que mirar hacia el otro lado y mostrarles mi cariño a los milaneses.
Sin embargo, sólo he encontrado crestas y Berlusconis, y me ha parecido penoso perder el tiempo con una banda de bufones. Me he visto obligado a generalizar -que se lleva mucho- y hablar de los italianos, a ver si aumentaba el nivel de seriedad de la entrada.
Los italianos son aquella especie de guiris que te acaban robando a la chica que te gusta en los garitos de playa, y convierten el verano de tus sueños y tu posible love story, en unos cuantos botellones y fotos de grupo en el facebook. Son los que hacen de la rutina una dolce vita y te lo explican de tal manera que cuando te levantas al día siguiente y no tienes un duro en el bolsillo la depresión se multiplica por mil. Son los que te incitan a gastarte el sueldo de un mes en unas gafas, que esperas usar durante cinco años, y que a los pocos meses ya están anticuadas. En fin, un dolor de cabeza que, sin embargo, nos vemos incapaces de apartar.
Éste es una hecho históricamente contrastado. España siempre ha imitado a los italianos. Primero con los romanos, con sus emperadores y anfiteatros, de los que les copiamos la lengua; mucho más tarde la Casa de Saboya a finales del siglo XIX, que pasaron sin pena ni gloria pero tiene cojones que tengamos que buscar un monarca fuera, con los bien que se nos da eso de mandar sin trabajar, y sin responsabilidades; luego con el anarquismo de los Fanelli y Malatesta; que si Franco sigue los pasos de Mussolini; ya con el inicio del salvador capitalismo nos invadieron los Dolce & Gabbana & Emilio Tucci & Emporio Armani & etc. Y entre medio la pizza, la pasta, el nespresso... Y ahora dicen que los vamos a imitar en su "ignorancia política" para convertir el estado en un reality show, con los magnates despótas y los grillini. Por favor, no seremos capaces.
Los italianos, para rematar, son machistas. Igual dejan sentarse a una mujer de 30 años en el metro di Milano, como hablan de "hombres" reiteradamente para referirse a la Humanidad en su totalidad. Una vez, vale, pero que se te llene la boca llega a molestar. Sin embargo, hoy ha sido un italiano quien me ha dado la clave de todo, de forma encriptada. En una entrevista de la Cadena SER al cantante Franco Battiato -que actúa en Barcelona el 20 de marzo-, le preguntaban a sobre su desafección política en los 90, y éste respondía: "El problema seguirá porque siempre son los mismos hombres" [refiriéndose a todo el pueblo italiano, como si no hubiera mujeres poderosas, ¿o quizá no las haya?].
'Pobre Patria' de Franco Battiato. Muy bonita, pero me pregunto, ¿por qué este italiano ha tenido que componer una canción en español y ponerle ese nombre? ¿Es que Italia no es una pobre patria? Balones fuera.
En cualquier caso esa frase me ha hecho reflexionar y a modo de Código da Vinci he querido quitar algunas palabras para encontrar su verdadero mensaje. Y me ha quedado esto: "El problema seguirá porque siempre son los hombres". ¡Qué fácil me lo ha puesto este truhán napolitano! Entonces he empezado a pensar que los hombres siempre están en el poder (visible), por consecuencia ellos son los culpables del chaparrón, pero es que todavía se mantienen en ese poder. ¿Y si, en esa macro-cambio estructural del sistema, intentamos apartarnos y dejar paso a las mujeres? Por aquello de no meter la pata dos, o veinte, veces.
En cualquier caso esa frase me ha hecho reflexionar y a modo de Código da Vinci he querido quitar algunas palabras para encontrar su verdadero mensaje. Y me ha quedado esto: "El problema seguirá porque siempre son los hombres". ¡Qué fácil me lo ha puesto este truhán napolitano! Entonces he empezado a pensar que los hombres siempre están en el poder (visible), por consecuencia ellos son los culpables del chaparrón, pero es que todavía se mantienen en ese poder. ¿Y si, en esa macro-cambio estructural del sistema, intentamos apartarnos y dejar paso a las mujeres? Por aquello de no meter la pata dos, o veinte, veces.
Los extesoreros, los concejales acosadores, los jefes de policía, los líderes independentistas, los empresarios y banqueros, los papas, los futbolistas... todos son hombres. Hasta las patéticas ministras metepatas son hombres. Porque me van a decir que una política [María Dolores de Cospedal] que afirma "no se puede conciliar la vida laboral de la misma forma, porque los hombres trabajan, van al bar, a jugar a tennis... y las mujeres trabajan y van a casa", es una mujer. Sin duda, solo por fuera. Hablo de dar paso a aquellas características más propias de las mujeres (y que me disculpen las feministas anti-determinismo genético) como la sensibilidad, el dinamismo, la espontaneidad o la autenticidad.
Por lo que entiendo, y he comprobado, esto es así, o por lo menos tiende a ser así, mucho más que en los hombres. Y son cualidades que siempre se han tenido como secundarias, sobre todo en las más altas esferas. ¿Es que una mujer no puede encabezar un proceso independentista, o llevar las cuentas de un partido? Si total para robar o dar argumentos demagógicos, seguro que sería fácil mejorar el listón.
En definitiva, y para no alargarme más, que en las universidades españolas hay un 54% de mujeres matriculadas, y un 60% de las graduadas son mujeres [como son más, lo pongo en femenino]. Me parece que el segundo dato se debe a que los hombres nos quedamos en casa cuidando de los niños. Puestos a justificar todo con disparates, yo me apunto. Y con esos datos, ¿por qué mierda los que aparecen siempre en las portadas son esos rufianes de traje negro y corbata fea? Saliendo del juzgado o de una reunión de máxima importancia.
Aquellas contradicciones ilógicas e irritantes de las que se habla poco y nunca nos echamos las manos a la cabeza, porque nos parece "normal". No quería que esto se convirtiese en una visceral apología del papel de la mujer en el siglo XXI, ya habrá muchas que lo hagan mucho mejor. Sólo quería pedir que, por el amor a Dios o a nuestros culos, si queremos salvarnos, no imitemos a los italianos. Es más hago un serio llamamiento para que las chicas que se enamoren de un ravioli este verano, no pase del una breve historia de verano, y para los chicos que tengan pensado comprarse unas gafas, que se lo piensen dos veces para no tirar el dinero, por mucho cristal tintado no seremos como ellos. Ni ganas.
Buah!
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